LA VIOLENCIA INUNDA NUESTRA VIDA

 

Se encuentra en todos los rincones y hacer uso de ella es lo más habitual en determinados momentos de nuestra vida. La mejor opción, evitarla

 

La violencia es algo que, realmente, nos preocupa a todos. Sin embargo, a pesar de que se ha conseguido disminuir los casos de ésta en España en los últimos años debido a un grandísimo número de personas dedicadas a este cometido, aún sigue muriendo un amplio porcentaje de personas a consecuencia de la violencia. ¿Cuándo acabará definitivamente este problema?

 

Ayer volvió a pasar. Otro caso de violencia doméstica contado en el telediario del medio día:  una mujer fue asesinada por su marido, quien la atacó en el lugar donde trabajaba y, tras cometer el delito, se quitó la vida. Cada día son más los casos de violencia que se dan en España, y en todo el mundo, hay más y más crímenes, maltratos psicológicos, agresiones físicas y lo que es peor, más gente dispuesta a continuar esta desastrosa situación.
A pesar de que en la violencia doméstica ha aumentado el porcentaje de muerte año tras año, parece ser que España se está concienciando del grave problema que le rodea y hace algún tiempo que ha exigido que se tomen medidas contra él. La alarma social se disparó en diciembre de 1997, cuando Ana Orantes fue bárbaramente asesinada por su marido, tras haber denunciado en un programa televisivo los malos tratos que sufría, y en 1998 se puso en marcha el I Plan de Acción contra la Violencia Doméstica.

Sin embargo aún muchas mujeres siguen sufriendo malos tratos en silencio sin atreverse a confesar que están siendo atacadas por su pareja por miedo a las represalias que pueda tomar su agresor.

 

Existen diversos tipos de violencia: la directa, que tiene por objetivo herir o matar; la estructural, que consiste en agredir a un colectivo desde la misma estructura política o económica; la cultural, que acepta la violencia en defensa de la fe o la religión y la violencia juvenil, que se refiere a los actos físicamente destructivos que realizan los jóvenes entre los 10 y los 29 años de edad y que afectan a otros jóvenes dentro del mismo rango de edad.

A mi parecer, todas resultan igual de preocupantes; ahora bien, según una encuesta coordinada por Gallup, a 40.000 ciudadanos en 18 Estados, España es el país de la Unión Europea que registra una menor tasa de delitos comunes. Sólo el 9% de los españoles entrevistados aseguraron haber sido víctimas de delitos comunes en 2004, cifra que representa un descenso de más del 50% respecto a los datos de 1989, y que permite que España haya caído en los últimos años del primer al último puesto del ranking.

Pero, ¿debería ser esto un alivio para los españoles?. Creo que no pues, aún así, salir a la calle, toparte con alguien perturbado, casarte con la persona no indicada, y muchas más situaciones que puedo imaginarme, sigue teniendo peligro. Realmente hay que tener miedo de salir a la calle porque no sabes con qué ni quien te puedes encontrar, aunque me resulta más preocupante el quién pues el qué es inevitable y puede que esté escrito en el libro del destino (si es que éste existe). Debo entonces preguntarme por el quién, pues, a pesar de que cada vez son más las medidas adoptadas para prevenir la violencia, ésta supone una de las mayores preocupaciones en una vida en la que la gente se ha vuelto loca y pretende solucionar los problemas con golpes y palizas.Definir el quién será lo más complicado en este momento; ¿cuál es el tópico de un asesino, de un violador, de un criminal sin escrúpulos que puede realizar una descabellada acción?, puede que ese tópico que buscamos exista y se identifique con personas con “pintas”, mal habladas, con un carácter violento, hiperactivos, etc. Pero desgraciadamente ese conjunto de características no se cumplen siempre y cualquier persona es capaz de recurrir, en algún momento dado, a la violencia.
A veces me gustaría estar en la mente y cuerpo de esas personas para intentar comprender qué motivos tienen, en qué se basan y qué consiguen dañando a los demás; ¿es que acaso no tienen conciencia?, ¿carecen quizá de ese pepito grillo que te dice lo que está bien y lo que no, guiándote así por el mejor camino?. Sinceramente, por más que me esfuerzo, no entiendo nada, absolutamente nada cuando veo, escucho o leo una situación de violencia.

Enfermos mentales, eso es lo que probablemente son, gente que ha tenido o tiene problemas psicológicos y que no son capaces de controlarse en determinadas situaciones; porque ¿quién no ha tenido alguna vez algún roce o discusión con otra persona?, pienso que todo el mundo ha discutido, ha podido faltarle el respeto a alguien , gritarle e incluso darle un coscorrón en algún momento dado pero, posteriormente aparece el remordimiento porque la conciencia nos avisa de la fealdad de nuestro hecho y sabemos pedir perdón, arrepentirnos (aunque a veces eso tampoco sea suficiente). Además somos personas y todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero no si esa equivocación supone un grave daño psicológico o físico a otra persona, o incluso la muerte.

 

La cuestión fundamental en este aspecto sería cuestionarse si los hombres somos “malos” por naturaleza (egoístas, envidiosos, traidores...) o es quizá la sociedad quien nos transforma, nos hace ser cada vez peores. En mi opinión, eso es algo demasiado difícil de descifrar ya que cada hombre es un mundo, piensa y actúa de manera diferente y tiene sentimientos distintos.
Sin embargo, el hombre comienza a empeorar cuando está rodeado de otros, otros que tienen más que él; que son más felices, que tienen más propiedades materiales, o que caen mejor a la gente, entre otras muchas cosas. Es en este momento cuando comienzan las comparaciones, la envidia y las ansias de sentirse superior al que tengo al lado y , aunque eso no siempre sea un error (poniendo el ejemplo de lo importante que es ser competitivo en todos los aspectos para conseguir nuestros fines), a veces hay un exceso de competitividad que nos lleva a ser peores personas, a querer quitarle al otro lo que me falta a mi, “si yo no soy feliz, tu tampoco puedes serlo”. Ya sabemos que esta vida es injusta, pero debemos conformarnos con lo que nos toque, al fin y al cabo, así es la vida ¿no?.

 

Es necesario también mencionar la violencia escolar. Los niños, en el colegio, utilizan la violencia para hacerse los “chulitos”  e intentar ser el líder de una banda creada por ellos mismos y, a través de la cual, hacen la vida imposible a sus compañeros e incluso a los profesores.
Ya desde tan pequeñitos piensan que la violencia es la solución para “hacerse respetar” y que haciendo uso de ella van a conseguir todo lo que se propongan. Esta situación, a mi parecer, es muy preocupante porque es de ahí de dónde saldrán los asesinos, los violadores, los ladrones del futuro; es esa generación la que, dentro de unos años (cuando crezcan), vivirá de una manera determinada. Por eso, pienso que los niños deben ser bien educados desde pequeños para que poco a poco vaya mejorando la sociedad en la que todos vivimos.
Realmente es difícil educar a un niño para que éste adopte el buen camino, pero no imposible. Se pueden hacer muchas cosas al respecto; lo más importante es no abandonar nunca la conducta del niño, no rendirse ante la dificultad que eso conlleva y, mucho menos, reirle las gracias o decirle “pues si te ha pegado corre ve y le pegas tú ahora”.
Educar es la base del buen comportamiento.

 

Otra cosa que estaría íntimamente ligada con la violencia son los medios de comunicación. Éstos, a veces, juegan un papel muy importante en la educación de los peques porque ¿qué hacen los niños pequeños? lo que ven y si lo que ven es violencia por todos lados (hasta en sus series o dibujitos favoritos) pensarán que esa es la manera correcta de actuar, que es lo normal.

Además de la televisión, a través de la cual los niños son educados por sí solos, es importante mencionar los videojuegos: los juegos favoritos de los niños, en una gran mayoría, son los de matar a los demás; las misiones de policías que matan a los terroristas para salvar a los rehenes, las luchas en un ring contra un adversario o el ladrón de coches que mata a todo el que le da la gana para robarle, son algunos de los juegos más cotizados por los niños. Esos descabellados juegos perjudican, en algunos casos, la conducta de los niños. Ha habido asesinos en serie que se han comportado como el personaje de un videojuego, otros que han actuado de manera idéntica a cómo sucedía en su película favorita y otros que siguen el modelo de algún personaje histórico y se adentran en una guerra imaginaria. Estos casos no son lo más frecuentes, pero son posibles y, de hecho, son reales. No podemos ignorar la violencia porque está presente en casi todos los campos de la vida: en la televisión, en los videojuegos, en la historia de nuestro país, donde han tenido lugar una gran cantidad de guerras por motivos diversos (como las tres guerras carlistas por la lucha de la corona y la cruenta guerra civil del 36 que supuso la muerte de miles de personas), etc.

 

En definitiva, somos nosotros lo únicos que podemos cambiar esta situación que realmente no nos conduce a ningún destino. Así que ¿por qué no hacemos el amor en lugar de la guerra?, ¿no sería mejor querernos y divertirnos los unos con los otros en lugar de discutir y alejarnos de los demás?. En fin, la vida de cada uno de nosotros es una historia con diferente personaje principal, y es ese personaje el que va creandola, con su modo de actuar, hasta que llega su final. Entonces, si puedes ser el constructor de tu vida, ¿por qué no hacerlo lo mejor posible y alcanzar la felicidad de la manera más hermosa?